Thursday, April 18, 2013

Pánfilo: ¿Mitigar el hambre o cumplir letra de Otó?

Pánfilo: ¿Mitigar el hambre o cumplir letra de Otó?
Jueves, Abril 18, 2013 | Por Ernesto Santana Zaldívar

LA HABANA, Cuba, abril, www.cubanet.org -Juan Carlos González Marcos
-conocido como Pánfilo desde niño por su familia y en su barrio, y luego
por millones dentro y fuera de Cuba- vuelve a ser noticia. Aunque sigue
bebiendo y proclamando por las calles en los alrededores de Calzada y
Malecón, en El Vedado, que "aquí lo que hace falta es comida, ¡jama,
jama!", lo nuevo es que pudiera irse para Estados Unidos como refugiado
político, según lo que le digan en la entrevista que tiene el día 20 de
abril en la Oficina de Intereses del gobierno norteamericano en La Habana.

Para algunos, esa noticia pudiera ser motivo de risa o de enojo, porque
seguramente hay muchos en Cuba que califican más para recibir ese
estatus, y él es el primero que lo sabe y que lo dice, pero lo cierto es
que no fue allí a solicitarlo y que, además, nunca hizo a propósito nada
para ganarlo. De hecho, declara que "los que me volvieron un político
fueron "ellos" (las autoridades judiciales y policíacas, se entiende). Y
añade:

"Yo nunca le he tirado ni un hollejo a un chino, pero dije una verdad y
mira lo que me hicieron".

Lo que "le hicieron" comenzó después de aquel primero de mayo de 2009
cuando apareció casualmente, y ebrio, en una filmación, denunciando el
hambre en Cuba y repitiendo que "aquí lo que hace falta es jama". El
video pronto sería visto en YouTube por más de medio millón de personas.
Luego aparecerían entrevistas suyas en diferentes medios fuera de Cuba.
Dentro del país, sus videos circularían de mano en mano y lo
convertirían en un personaje popular.

La Seguridad del Estado comenzó a citarlo continuamente. Querían saber
quién le había pagado para que dijera lo que dijo. Las detenciones en
cualquier lugar donde estuviera no se hicieron esperar. El 4 de agosto
lo citaron aparentemente para darle un trabajo. Era una trampa y fue
detenido por oficiales del Departamento Técnico de Investigaciones,
acusado de peligrosidad social por vagabundo y borracho. "Ah, ¿y yo no
era borracho en la Marina y en el Ministerio del Interior?", les
preguntó. "Ustedes me cogen porque hablé".

Para hacerle el juicio en el Tribunal Municipal de Plaza, la policía
política tuvo que cercar la zona e impedir el acceso de los que no
fueran familiares suyos. Sin hablar de sus conocidos videos y sin que
hubiera cometido el menor delito, los jueces lo condenaron a dos años de
privación de libertad por "peligrosidad pre-delictiva" por llevar más de
diez años sin trabajar para el Estado (aunque se ganara la vida, al
igual que ahora, fregando carros, haciendo trabajos de albañilería o
electricidad, vendiendo maní, ayudando en un agro, chapeando hierba,
botando escombros, pintando casas o carros).

"Sí, yo tomo ron", recuerda Pánfilo haber hablado entonces, "pero hay
quien se emborracha y no dice nada, y quien está claro y tampoco dice
nada. Y yo digo lo mismo estando claro que borracho". No valió en ese
momento que su abogado, a falta de otro recurso, pidiera que lo
internaran en un centro de asistencia para alcohólicos, y Juan Carlos
fue llevado para la prisión de Valle Grande.

Sin embargo, las voces de protesta fuera y dentro de Cuba por una
injusticia evidentemente amañada por la policía política, hicieron que
las autoridades suavizaran su trato con él. Además, a su casa comenzaron
a llegar desde el exterior constantes envíos solidarios de alimentos,
medicinas, ropa y dinero, que su madre no se atrevía a aceptar, temiendo
que eso empeorara la situación de su hijo, aunque él le decía que
repartiera las cosas con la gente del barrio.

Entre otras prisiones, lo llevaron a una en Toledo, donde disfrutaba de
relativas comodidades y, finalmente, cuando llevaba poco más de un mes
de condena, recibió la sorpresa de que las autoridades lo ponían en
libertad y le proponían un internamiento voluntario en la clínica Galí y
García, donde recibiría atención para su padecimiento de alcoholismo.
"Si quería, podía haber ido para mi casa", cuenta Pánfilo, "pero en
aquel momento yo quería reconstruir mi vida, quitarme un poco del
alcohol, y por eso acepté". Aunque, aclara: "Llegó a decirse que me
habían recluido en Mazorra a la fuerza y que me dieron electroshocks,
pero eso no es cierto".

"Como empezaron a darme pases los viernes", relata, "en una salida me
dijeron que en la Oficina de Intereses querían verme. Cuando fui, no
tuve que hacer cola ni nada y una funcionaria me dijo que yo podía ser
perseguido, podía sufrir represalias, y me preguntó si quería acogerme
al Plan de Refugiados Políticos". Juan Carlos González, Pánfilo, quiere
dejar bien claro que nunca pretendió irse, pero que, como "estaba en
candela", decidió acogerse al Plan. "Yo, si hubiera querido, hace tiempo
que me hubiera ido. Me hubiera quedado en cualquiera de los países a
donde viajé cuando estaba en la Marina. Si por mí fuera, me muero aquí.
Lo que yo quiero es que mejore esto", dice, "porque ¿hasta cuándo el
hambre, el descaro, el racismo y el abuso con la gente?"

Muchos años atrás, Juan Carlos González Marcos fue militante de la Unión
de Jóvenes Comunistas, fanático del ejercicio físico, técnico maquinista
graduado de la Academia Naval y con un postgrado en la Unión Soviética,
trabajador de la Marina Mercante y la Marina de Pesca. Una orden dispuso
que los marinos que no habían cumplido el servicio militar tenían que
pasarlo, pero a él lo mandaron para Tropas Especiales. "No tuve ni que
pasar escuela", recuerda. "Entré sin saber tirar un tiro y estuve allí
varios años, pero después me cansé y pedí la baja, sin tener problemas
de disciplina ni de nada. Después trabajé en varias cosas, hasta en
hoteles, pero la cuenta no me daba y preferí salir de todo y vivir por
mi cuenta", resume.

En uno de los videos suyos que circularon en 2009, Pánfilo aseguraba,
enfático como siempre: "Me voy en un palo, en una lata o en una
palangana, pero me voy, y la Seguridad del Estado lo sabe bien".

Hoy no piensa lo mismo, ni siquiera porque ocho de sus once hijos viven
en el extranjero (España, Italia y Estados Unidos). Ha residido en el
mismo barrio durante casi los cincuenta y tres años de su vida. Después
de todo, tal vez tenía razón el periodista Alejandro Armengol cuando
escribió que "resultaría injusto decir que él representa a la Cuba
actual, pero tampoco es correcto verlo como un caso aislado".

"A muchos les ha pasado peor que a mí, esa es la verdad", reconoce .
"Pero ahora, el veinte, cuando me den la entrevista, si me dicen que me
voy tal día, ¿a que yo viro al mes? Ya lo tengo todo aprobado, pero a mí
me da lo mismo. Me dicen que cuando llegue a Estados Unidos me van a
hacer un gran recibimiento, pero yo sé que voy a volver. Tal parece que
el santo de mi difunta mamá, que en paz descanse, Otó, dice que yo me
tengo que morir aquí".

http://www.cubanet.org/articulos/panfilo-%c2%bfmitigar-el-hambre-o-cumplir-letra-de-oto/

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